Muebles Hermida
La fábrica gallega que llevó el nombre de Lourenzá a miles de hogares
Hay empresas cuya importancia no puede medirse únicamente por sus ventas. Empresas que crean trabajo, fijan población, forman profesionales y convierten una localidad pequeña en un punto reconocible dentro del mapa industrial de un país. Muebles Hermida fue una de ellas.
Desde Lourenzá, en la comarca lucense de A Mariña, esta firma llegó a situarse entre los fabricantes relevantes del mobiliario español. Sus dormitorios, muebles juveniles y composiciones modulares entraron en establecimientos de toda España y viajaron también fuera de nuestras fronteras.
Su historia comenzó en un taller familiar, creció gracias al empuje de Ángel Hermida Seivane y terminó, después de décadas de actividad, con una liquidación que puso punto final a una de las grandes trayectorias industriales del mueble gallego.
El origen: un taller familiar y tres hermanos
Ángel Hermida Seivane nació en Cuñas, en el municipio de Lourenzá, dentro de una familia vinculada a la ebanistería. Junto con sus hermanos Francisco y Lola heredó el taller hidráulico de su padre. Aquel pequeño negocio familiar fue el germen de una iniciativa que, con el paso de los años, adquiriría una dimensión difícil de imaginar en sus comienzos.
Aunque existía actividad previa relacionada con la carpintería y el mueble, 1964 suele señalarse como el año de fundación de Muebles Hermida, coincidiendo con la inauguración de su primera sede en Lourenzá. La precisión es importante: una cosa son las raíces anteriores del taller familiar y otra la consolidación de la fábrica como proyecto industrial identificado con la marca Hermida.
A finales de los años setenta se añadió un segundo edificio, reflejo de una empresa que ya había dejado atrás la dimensión artesanal para situarse en el terreno de la fabricación industrial a escala.
No era simplemente una fábrica: era un grupo industrial
Uno de los aspectos más interesantes de Muebles Hermida es que su estructura fue bastante más compleja de lo que podría sugerir el recuerdo genérico de una fábrica de dormitorios.
Por un lado, Muebles Hermida I, S. A., especializada en dormitorios de línea moderna, disponía de unas instalaciones de aproximadamente 11.500 metros cuadrados. Por otro, Muebles Hermida II, S. A., centrada en mobiliario modular, contaba con una superficie de unos 13.000 metros cuadrados. A estas sociedades se sumaba Sermusa, dedicada a funciones de servicios y gestión empresarial.
En conjunto, hablamos de una estructura que combinaba fabricación, organización, diseño, administración y comercialización. Una industria de verdad, con capacidad productiva y una planificación que iba mucho más allá del pequeño taller tradicional.
El propio fundador describía procesos de mecanizado, canteado, recubrimiento, montaje y embalaje, además de la atención prestada al almacenamiento y a la carga de los camiones. Porque fabricar bien era importante, pero entregar el producto en buenas condiciones también formaba parte del negocio.
Dormitorios, juveniles y muebles modulares con sello propio
Muebles Hermida construyó buena parte de su reconocimiento alrededor de los dormitorios y del mobiliario juvenil. Con el tiempo, su oferta también incluyó salones, armarios y soluciones modulares, configurando un catálogo capaz de atender distintas necesidades del hogar.
La empresa disponía de un equipo de diseño propio, atento a las tendencias presentadas en ferias nacionales e internacionales. El objetivo no era perseguir cualquier novedad pasajera, sino adaptar las nuevas propuestas a su tecnología productiva y desarrollar muebles funcionales, atractivos y preparados para mantenerse vigentes en el mercado.
Y aquí conviene hacer una aclaración para quienes no vivieron aquella etapa: Hermida no fue únicamente una tienda de muebles ni un comercio local de Lourenzá. Fue una auténtica empresa fabricante que producía y distribuía mobiliario a clientes de toda España.
Cuando Lourenzá fabricaba 11.000 dormitorios al año
Para comprender lo que llegó a representar Muebles Hermida, basta detenerse en algunas cifras. En sus mejores momentos, la compañía alcanzó aproximadamente 225 trabajadores y superó los 24 millones de euros de volumen de negocio.
También contó con instalaciones en Lourenzá y Ourense, lo que amplió su implantación dentro de Galicia. No estamos hablando de una empresa entrañable por su carácter local, pero irrelevante desde el punto de vista industrial. Hablamos de una organización capaz de producir a gran escala, sostener cientos de empleos y competir dentro de un mercado nacional exigente.
En municipios pequeños, una compañía de estas características no funciona solamente como empleador. Da trabajo a transportistas, proveedores, talleres auxiliares y profesionales comerciales. Genera consumo en la hostelería y en los negocios cercanos. Y ofrece algo que muchos territorios llevan décadas perdiendo: la posibilidad de desarrollar una vida profesional sin necesidad de marcharse.
De Galicia al resto de España… y también al extranjero
Aunque el mercado nacional fue el principal destino de su producción, Muebles Hermida también desarrolló actividad exportadora. Sus muebles llegaron a países como Portugal, Venezuela y Estados Unidos, y existen testimonios concretos de su expansión hacia otros mercados europeos.
En noviembre de 2003 se documentó el inicio de exportaciones a Hungría. La empresa enviaba dormitorios, principalmente de línea juvenil, mediante un distribuidor establecido en aquel país. Ángel Hermida Lage, entonces director adjunto, explicaba que la exportación representaba alrededor del 5 % de la producción, aunque en etapas anteriores había llegado aproximadamente al 25 %.
Ángel Hermida Seivane: el empresario detrás de la fábrica
Resulta imposible explicar Muebles Hermida sin detenerse en la figura de su fundador. Ángel Hermida Seivane pertenecía a esa generación de empresarios que construyeron industrias a partir del conocimiento directo del oficio. Conocía el producto, entendía la fabricación y mantuvo durante décadas una vinculación estrecha con el desarrollo económico de su comarca.
En 1977 fue uno de los fundadores de la Confederación de Empresarios de Lugo, organización en la que presidió durante años el ámbito vinculado a la ebanistería. En 2008 recibió su medalla de oro. Ese mismo año, el Ayuntamiento de Lourenzá lo nombró Hijo Predilecto por acuerdo unánime de los grupos municipales. Más de quinientas personas participaron en el homenaje celebrado con motivo de aquel reconocimiento.
Ángel Hermida falleció el 1 de marzo de 2024, a los 91 años, cuando la empresa que había impulsado ya había desaparecido como proyecto industrial propio.
La crisis no llegó de repente
Como ocurrió con otras grandes fábricas españolas del mueble, el deterioro de Hermida no puede explicarse como una caída instantánea. La crisis inmobiliaria, el descenso de la demanda, los cambios en los hábitos de consumo y la presión sobre los precios fueron estrechando progresivamente los márgenes del sector.
En 2011, la empresa planteó un expediente de regulación de empleo que afectó a 75 trabajadores. La decisión generó controversia y terminó recorriendo la vía judicial. Más allá de la discusión jurídica concreta, aquella reducción de plantilla evidenciaba que Muebles Hermida atravesaba una transformación profunda.
El último intento de mantenerse a flote
A finales de 2019, la situación se agravó definitivamente. La empresa solicitó el concurso voluntario de acreedores después de acumular problemas financieros y retrasos en el pago de salarios. En aquellos momentos, la plantilla se situaba en torno a los noventa trabajadores.
Como intento de ganar tiempo, a comienzos de 2020 se planteó un expediente temporal que afectó a 93 empleados, con la esperanza de encontrar un comprador capaz de mantener la actividad. Era la última posibilidad de evitar el cierre. Sin embargo, esa solución no llegó.
En la primavera de 2020, Muebles Hermida entró en fase de liquidación y fue declarada disuelta judicialmente. La fábrica que había producido miles de dormitorios, exportado a varios países y dado empleo a cientos de personas dejaba de existir como empresa.
¿Siguió funcionando Muebles Hermida bajo otro nombre?
La respuesta es no. En 2021, Santos Cocinas adquirió las antiguas naves de Muebles Hermida en el polígono de Lourenzá con la intención de desarrollar allí una actividad relacionada con muebles y puertas de cocina. Pero aquella operación no implicó la continuidad de Hermida como sociedad, marca o estructura empresarial.
La maquinaria de la antigua fábrica había sido vendida previamente a otra empresa y los activos se liquidaron por lotes. Santos Cocinas compró instalaciones industriales; no rescató Muebles Hermida como fabricante. Que las naves pudieran recuperar cierta actividad fue una buena noticia para la comarca, pero el proyecto empresarial que Ángel Hermida había construido durante décadas ya había terminado.
Lo que desaparece cuando cierra una fábrica
Cuando una industria como Muebles Hermida desaparece, no se pierden únicamente puestos de trabajo. Se pierde experiencia productiva, profesionales que conocían los procesos y los materiales, una marca que había construido relaciones con tiendas, distribuidores y representantes durante generaciones, y capacidad para transformar materias primas en productos con valor añadido.
El mobiliario no aparece por arte de magia en una exposición. Antes de llegar a una tienda necesita manos, conocimientos, maquinaria, inversión y una red comercial que lo acerque al mercado.
Durante décadas, Muebles Hermida reunió todos esos elementos en Lourenzá.
Una marca desaparecida, una historia que merece permanecer
Muebles Hermida ya no existe como fabricante. Sus instalaciones cambiaron de manos, su maquinaria fue vendida y la empresa entró en liquidación. Pero su historia permanece en los trabajadores que pasaron por sus fábricas, en los representantes que defendieron sus colecciones, en las tiendas que vendieron sus dormitorios y en los hogares donde todavía siguen presentes algunos de aquellos muebles.
También permanece en la memoria de Lourenzá, donde el apellido Hermida continúa asociado a una etapa en la que una pequeña localidad gallega consiguió hacerse un lugar propio dentro de la industria española del mueble.
Es comprender lo que fuimos capaces de construir y preguntarnos qué estamos haciendo para que no desaparezcan también las fábricas que todavía permanecen abiertas.
Porque cuando una fábrica cierra, no desaparece únicamente una empresa: desaparece una manera de crear riqueza, empleo y futuro.
Fuentes consultadas
- La Voz de Galicia: trayectoria y fallecimiento de Ángel Hermida Seivane
- AITIM: entrevista histórica a Ángel Hermida
- La Voz de Galicia: exportaciones de Muebles Hermida a Hungría
- Europa Press: recurso de los trabajadores contra el ERE
- A Mariña Xornal: liquidación y disolución de Muebles Hermida
- Crónica Global: situación económica y concurso
- El Progreso: compra de las antiguas instalaciones por Santos Cocinas
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