Hay una pregunta que se repite en muchas tiendas de muebles y decoración: ¿Un espejo o un cuadro? La respuesta correcta casi siempre es: los dos. Bien combinados, un espejo y una o varias obras de arte pueden convertir una pared anodina en el punto focal de toda la estancia. Mal combinados, hacen exactamente lo contrario. En este artículo recojo los criterios que realmente funcionan, los errores más habituales y algunas ideas concretas según la estancia. Sin tendencias pasajeras, sin trucos de redes sociales. Solo criterio decorativo sólido. ¿Por qué mezclar espejos y cuadros? Porque cada uno aporta lo que al otro le falta. El espejo trabaja con la luz: la multiplica, abre visualmente el espacio y aporta una sensación de amplitud que ningún cuadro puede dar. El cuadro aporta color, personalidad, escala y ritmo visual. Usados juntos, el resultado es más completo, más equilibrado y más fácil de leer que una pared llena solo de uno u otro. La clave no está en la cantidad de piezas,...