MG
Miguel García González
Representante Comercial · Galicia
Pontevedra & Ourense · Sector del mueble
El mueble bien
colocado vende solo.
Guías técnicas, consejos de venta y recursos para profesionales del mueble en Galicia. Sin tecnicismos innecesarios. Con medidas reales.
70 cm 160-200 cm eje visual 95-110 cm
150+
clientes en Pontevedra y Ourense
+25 años
en el sector del mueble

jueves, 21 de mayo de 2026

#Humor ¿Quién persigue a quién?

 Si trabajas en el sector del mueble, esta viñeta te va a resultar muy familiar 😂

Tres tiendas distintas. El mismo matrimonio. La misma frase: "Volveremos."

Y el representante encontrándolos en cada parada sin poder creérselo — porque los clientes van más rápido que la ruta. 😄

Lo curioso es que esa pareja al final siempre compra. Solo necesita sus tres tiendas y su "volveremos" de rigor.

¿Os ha pasado? 👇

#ElSectorSinFiltros #Mueble #Humor #Retail #Comercial #TiendaDeMuebles



miércoles, 20 de mayo de 2026

Ventas en tiempos de incertidumbre

 El mercado no avisa cuando frena. Los clientes tampoco.

Pero hay señales que un comercial preparado sabe leer antes de que la venta se pierda.

Tres errores que destruyen la confianza cuando las cosas se ponen difíciles — y las estrategias concretas para no caer en ellos.

📌 Guárdala. La vas a necesitar.

#ElSectorSinFiltros #Ventas #Comercial #FuerzaDeVentas #Mueble



Cuando el mercado frena, ¿qué hace el comercial?

Cuando el mercado frena, ¿qué hace el comercial? | #ElSectorSinFiltros
#ElSectorSinFiltros · comercialmiguelgarcia.blogspot.com
Ventas · Actitud comercial

Cuando el mercado frena,
¿qué hace el comercial?

Miguel García González  ·  Mayo 2026

El tráfico en tienda ha bajado. Los presupuestos se alargan. Los clientes entran, miran, preguntan y se van a pensarlo. Las ferias han sido más frías. Los pedidos que antes tardaban dos semanas ahora tardan dos meses.

Esto no es una crisis. Es un ciclo. Y la diferencia entre salir bien o mal parado de uno depende, en gran parte, de lo que haces mientras dura.


Lo primero que hay que gestionar no es la cartera. Es la cabeza.

Cuando las ventas caen, la tentación más habitual es hacer más de lo mismo pero con más desesperación. Más llamadas, más descuentos, más presión. Y eso, casi siempre, empeora las cosas.

El cliente que nota urgencia en el comercial no se tranquiliza. Se pone en guardia. Porque la urgencia del vendedor no tiene nada que ver con las necesidades del comprador, y el comprador lo sabe.

Lo que funciona en un mercado bajo no es la intensidad. Es la solidez. Seguir siendo el mismo profesional de siempre, sin que el contexto te cambie el registro. Eso es lo que genera confianza, y la confianza es lo único que mueve una venta cuando el dinero escasea o la decisión se aplaza.


El comercial que desaparece cuando bajan las ventas pierde dos veces

Pierde las ventas de ahora, que ya eran pocas. Y pierde las de después, cuando el mercado remonte, porque el cliente habrá comprado a quien estuvo.

La presencia en ciclos bajos no significa acosar al cliente ni aparecer cada semana sin nada nuevo que aportar. Significa no desconectarse. Una llamada para ver cómo va la temporada. Compartir algo útil del sector. Pasar por el punto de venta sin ningún pedido en mente, solo para mantener el vínculo.

Los clientes tienen memoria. Recuerdan quién llamó cuando no había nada que ganar.

Eso no es tiempo perdido. Es inversión directa en el próximo pedido.


Vender sin presionar no es una técnica. Es una actitud.

Hay una confusión muy extendida entre insistencia y profesionalidad. No son lo mismo.

El cliente que está en duda no necesita más argumentos. Necesita más claridad. Y la claridad no se consigue empujando: se consigue escuchando qué le preocupa, qué lo frena, qué necesita entender antes de decidir.

En mercados difíciles el cliente ya llega con sus propias presiones: la incertidumbre, el miedo a equivocarse, la sensación de que quizás no es el momento. Si encima el comercial añade urgencia artificial —"esta oferta solo es hasta el viernes", "no sé si voy a poder mantener el precio"— lo que consigue es que el cliente se cierre. No que decida.

Leer el ritmo del cliente es una habilidad concreta. Hacerse las preguntas correctas:

¿Está procesando información o ya la tiene y solo le falta seguridad?

¿Le falta resolver una duda o le falta tiempo?

¿Está dudando del producto o está dudando del momento?

La respuesta a cada una de esas situaciones es diferente. Y acertar con ella marca la diferencia entre cerrar esa semana o perder la venta para siempre.


El precio siempre aparece antes cuando el mercado baja

No es que los clientes sean más tacaños. Es que en momentos de incertidumbre el umbral de justificación sube. El cliente necesita entender mejor por qué vale lo que vale antes de comprometerse.

Eso no se resuelve bajando el precio. Se resuelve siendo más concreto en el valor. No "es de muy buena calidad" —eso lo dice todo el mundo— sino qué problema concreto resuelve, qué diferencia hay entre esta opción y la más barata, qué pasa a los dos años con una y con la otra.

El comercial que solo tiene el precio para defender se queda sin argumentos en cuanto el cliente aprieta. El que tiene casos concretos, comparativas reales y conocimiento del producto tiene una conversación diferente. Una en la que el precio es un factor más, no el único.


La actitud del equipo también es responsabilidad del comercial

Esto va también para los que tienen gente a su cargo: el pesimismo en un equipo de ventas es contagioso y rápido.

Una persona que repite que el mercado está muerto, que los clientes no tienen dinero, que no hay nada que hacer, contamina la dinámica antes de que empiece la jornada. Y lo peor es que tiene razón a medias, que es el tipo de razón más difícil de combatir.

Sí, el mercado está flojo. No, no hay nada que hacer con eso directamente. Lo que sí se puede controlar es la preparación de cada visita, la calidad de cada conversación, la actitud con la que se entra por la puerta.

En momentos difíciles, los líderes que mantienen el foco en lo que el equipo puede controlar —y que reconocen los pequeños avances en lugar de solo medir los grandes resultados— son los que mantienen equipos operativos cuando el ciclo cambia.

Y los ciclos siempre cambian.


El cierre en mercados bajos funciona diferente

No es empujar. Es recoger.

Es sintetizar lo que el cliente ha ido diciendo a lo largo de la conversación —lo que le importa, lo que le preocupa, lo que ha valorado— y ofrecerle una salida coherente con eso: "Creo que esto encaja con lo que buscas. ¿Lo cerramos?"

Sin artificios. Sin urgencia fingida. Sin ese incómodo silencio cargado de expectativa que el cliente nota perfectamente.

El mejor cierre es el que el cliente no siente como cierre. Lo siente como una decisión suya, tomada con criterio, con la ayuda de alguien en quien confía. Y para llegar ahí no hace falta ninguna técnica especial. Hace falta haber escuchado bien durante toda la conversación.

En resumen

Los ciclos bajos no son el problema. La respuesta al ciclo bajo es el problema o la solución, según cómo se gestione.

El comercial que en estos momentos sigue siendo útil, sigue estando presente sin agobiar, sigue construyendo relaciones en lugar de solo intentar cobrarlas, ese comercial llega al próximo ciclo alto con una cartera más sólida que antes.

No se trata de insistir más.
Se trata de conectar mejor.

¿Cómo lo estáis gestionando vosotros? Abro los comentarios.

Miguel García González Representante comercial multimarca · Sector mueble y tapizado · Galicia #ElSectorSinFiltros

Tapizados Juan Diaz - Mantenemos los precios

 

🚨 Mientras otros suben precios… nosotros mantenemos nuestro compromiso contigo. 💙
Presentamos el nuevo Sofá Blue de Tapizados Juan Diaz, S.L., un modelo pensado para quienes buscan comodidad de verdad, diseño moderno y confianza en su compra.
✅ Carros extensibles deslizantes
✅ Asientos extra grandes de 100 cm
✅ Máximo confort y calidad premium
✅ Diseño elegante y actual
✅ Precio estable, sin sorpresas
En un momento donde todo sube constantemente, en Tapizados Juan Díaz seguimos apostando por mantener nuestros precios y cuidar la confianza de nuestros clientes.
🛋️ Más comodidad.
🤝 Más compromiso.
💙 El mismo precio.
📩 Consúltanos sin compromiso y descubre por qué el modelo Blue se está convirtiendo en uno de los sofás favoritos de nuestros clientes.

lunes, 18 de mayo de 2026

El comercial en el medio: el que trabaja para dos y no le da la razón ninguno

Cuando pedir al jefe no es desconfianza: es que el sistema lo ha enseñado así

 Hay una versión del problema que nadie cuenta porque no le interesa a casi nadie contarla.

No es la del comercial que no construyó relación. No es la del jefe con ego desmedido. Es la del comercial que lleva meses haciendo su trabajo correctamente, con un cliente que le aprecia y con quien tiene buena relación, pero que un día necesita algo que se sale del guión estándar, y el comercial sabe, antes de preguntar, lo que le van a decir.

Sabe que esa condición especial no se la van a aprobar. Que ese descuento está fuera de su margen. Que esa excepción en el plazo requiere escalar. Que si pide eso, la respuesta va a ser no, o va a tardar una semana, o va a llegar tan desvirtuada que de poco va a servir.

Y entonces el cliente, que no entiende de organigramas pero sí entiende de resultados, saca la conclusión práctica: si quiero que pase algo, tengo que hablar con quien puede decir que sí.

No es que no confíe en el comercial. Es que ha aprendido que el comercial, en esa empresa, no puede.

La empresa que recorta capacidad de decisión y luego se sorprende del resultado

Hay empresas que han construido sistemas comerciales donde el comercial, en la práctica, es un mensajero con kilometraje.

Visita, detecta la necesidad, toma nota, traslada. Espera respuesta. Vuelve con lo que le han dicho. Si no convence, escala. Si escala, queda retratado como alguien que no supo resolver. Si no escala e improvisa, queda retratado como alguien que se saltó el protocolo.

No tiene margen para negociar condiciones. No tiene autorización para hacer excepciones razonables. No tiene acceso a la información completa de lo que la empresa puede o no puede hacer. Pero tiene que mantener la relación, gestionar las expectativas, aguantar las quejas y ser la cara visible cuando algo falla.

En ese contexto, que el cliente pida hablar con el jefe no es una crítica al comercial. Es una adaptación racional a un sistema disfuncional.

El cliente ha descubierto, a veces por experiencia directa y a veces por intuición, que el nivel de decisión real no está donde le dicen que está. Y actúa en consecuencia.

El fusible

Lo más perverso de esta dinámica no es que el cliente salte al jefe. Es lo que pasa después, cuando algo va mal.

Porque si la operación sale bien, el mérito se distribuye con generosidad hacia arriba. El jefe cerró, la empresa confió, el sistema funcionó. El comercial hizo “el trabajo previo”, ese concepto que suena a reconocimiento pero en realidad es la manera elegante de decir que hizo lo que tenía que hacer y punto.

Pero si la operación va mal, si el cliente se queja, si el plazo no se cumple, si el producto llega con una incidencia, si las condiciones prometidas en aquella reunión con el jefe resultan difíciles de mantener en el día a día, ¿quién gestiona el problema?

El comercial. Que no estuvo en esa negociación. Que no prometió nada. Que quizás ni sabía exactamente qué se acordó.

Y que ahora tiene que defender ante el cliente algo que no construyó, con argumentos que nadie le ha dado, cargando con el desgaste de una relación que otros enturbiaron.

El comercial en el medio recibe los palos de ambos lados. El cliente le presiona porque espera lo que le prometieron. La empresa le exige resultados dentro de unos márgenes que nunca fueron suficientes para lo que se comprometió.

Y ninguno de los dos, ni el cliente ni la empresa, tiene especial interés en analizar cómo se llegó hasta ahí.

La coartada perfecta

Las empresas con esta estructura tienen una coartada cómoda y muy utilizada: si el cliente no está contento, es que el comercial no gestionó bien la relación. Si el cliente se fue, es que el comercial no supo retenerle. Si el cliente pide siempre al jefe, es que el comercial no genera suficiente confianza.

Rara vez la pregunta es: ¿qué capacidad real de decisión tiene ese comercial? ¿Qué herramientas tiene para resolver un problema sin escalar? ¿Qué pasa internamente cuando intenta hacer algo fuera del guión?

Porque responder esas preguntas implicaría asumir responsabilidad institucional. Y es mucho más sencillo tener un comercial en primera línea que absorba la fricción, gestione la insatisfacción y sirva de amortiguador entre las limitaciones del sistema y las expectativas del cliente.

Hasta que el comercial se va, o se agota, o deja de intentarlo. Y entonces la empresa se pregunta por qué tiene rotación.

Lo que el cliente no sabe cuando pide al jefe

El cliente que escala no siempre entiende que está usando al comercial como escalón y dejándolo en una posición incómoda para lo que viene después.

No hay mala intención, generalmente. Solo pragmatismo. Quiere resultados, ha aprendido cómo conseguirlos, y lo aplica.

Pero lo que no ve es que ese comercial, al día siguiente de que el jefe haya cerrado condiciones especiales, tiene que volver a esa tienda con el catálogo, con el seguimiento, con las incidencias del pedido anterior, y mantener una relación normal en un escenario que ya no es normal.

Porque el jefe cerró y se fue. El comercial se queda.

Sin soluciones de manual

No hay receta sencilla aquí, y sería deshonesto fingir que la hay.

Pero hay una pregunta que las empresas con esta dinámica deberían hacerse antes de evaluar a sus comerciales: ¿les estoy dando las condiciones para que el cliente no necesite saltárselos?

Autoridad real para tomar decisiones dentro de un margen. Información suficiente para argumentar sin improvisar. Respaldo visible cuando escalan, no silencio o un no por respuesta. Y, cuando el jefe interviene, claridad absoluta sobre qué se acordó y quién se hace cargo de lo que viene después.

Sin eso, el comercial es un actor al que le han dado el papel pero no el guión completo. Y cuando la obra sale mal, siempre hay alguien dispuesto a recordarle que debería haberlo hecho mejor.

 

¿Tu empresa empodera realmente a sus comerciales, o solo les exige los resultados de una autoridad que nunca les dio?

Miguel García González — mggrepresentaciones | Artículo LinkedIn


 

sábado, 16 de mayo de 2026

Dormitorio Ghio de Muebles Azor: Donde sucede la vida

 Hay dormitorios que no solo decoran una casa… forman parte de la vida. 🛏️✨

Conversaciones antes de dormir.
Domingos en familia.
Risas, reconciliaciones, viajes… y ese momento de volver a casa y sentir que por fin estás en tu sitio.

Así es Ghio, de Muebles Azor:
un dormitorio pensado para acompañarte en cada etapa, en cada rutina y en cada recuerdo.

Porque al final, el dormitorio no es solo un mueble.
Es donde sucede la vida. 🤍

#MueblesAzor #Ghio #Dormitorios #Decoración #Interiorismo #Hogar #DiseñoDeInteriores #Muebles #Dormitorio #InspiraciónHogar #VidaEnCasa




El que compra Vs el que vende

Sector Mueble · Análisis de Canal · Mayo 2026

Hay una conversación que ocurre todos los días en alguna tienda de muebles de este país. Un comercial entra con su maleta, su catálogo y una sonrisa que ya lleva demasiadas horas puesta. Al otro lado del despacho, el encargado de compras lo recibe con la expresión de quien ya sabe cómo va a terminar esto. Se estrechan la mano. Y durante la siguiente hora, ninguno de los dos le dice al otro lo que realmente piensa.

Este artículo va sobre lo que no se dicen.

Lo que el encargado de compras piensa del comercial (y no suele decir en voz alta)

El encargado de compras veterano ha visto pasar a cientos de comerciales. Y esa experiencia acumulada ha derivado, en muchos casos, en una esclerosis perceptiva: antes de que el comercial abra la boca, ya tiene una categoría asignada.

«Llegas a decirme que tengo que liquidar el sofá de exposición porque el fabricante ha cambiado el reposabrazos y ahora el modelo ya no es el mismo. ¿Y quién me compensa el metro y medio de exposición que ese sofá va a dejar vacío mientras espero que llegue el sustituto?»

«Me dices que el nuevo color topo va a arrasar. El año pasado me dijiste lo mismo del verde salvia. Todavía lo tengo en la muestra de telas intentando colocárselo a alguien.»

«Me avisas de la liquidación cuando el producto ya lleva dos meses descatalogado en otros mercados. Llevo semanas vendiéndolo a precio normal sin saber que el fabricante ya lo estaba retirando. Eso no es un aviso, es un rescate de última hora.»

«La exclusividad de zona que me prometiste en febrero la vi en la tienda de Ramírez el mes pasado. Ya van tres situaciones excepcionales este año.»

El comprador que lleva años en el sector desarrolla anticuerpos contra la presión comercial. Algunos son legítimos. Otros son simple cinismo enquistado que ya no discrimina entre el comercial que merece desconfianza y el que no.

Sus quejas más frecuentes — y cuánto de verdad hay en ellas

«Me traen novedades que en realidad son parches.» Con frecuencia cierto. Un cambio de pata, una variación en el acabado, una nueva referencia de tela que sustituye a otra anulada: el comprador ve el patrón y aprende a distinguir una novedad real de una operación de mantenimiento de catálogo disfrazada de lanzamiento. Cuando el comercial no hace esa distinción, pierde credibilidad.

«Las liquidaciones siempre llegan tarde y mal explicadas.» El problema no es que existan — todo el mundo entiende que un fabricante cambia de modelo —. El problema es la gestión del aviso. El comprador se entera a destiempo, sin argumentario de salida, sin propuesta de sustitución preparada. La liquidación se convierte en un problema suyo, no en una solución compartida.

«No conoce mi tienda.» El error más común y más imperdonable. Un comercial que en la quinta visita todavía no sabe qué segmento de precio domina la tienda, qué estilos mueven más o qué perfil de cliente entra por esa puerta, no ha prestado atención. Y el comprador lo percibe como falta de respeto, aunque no lo diga.

Lo que el comercial piensa del encargado de compras (y tampoco suele decir en voz alta)

El comercial multicartera que cubre una provincia entera tiene su propia lista de agravios. Y también su propia mitología de cómo deberían funcionar las cosas si el comprador entendiese el negocio.

«Llevo tres meses intentando enseñarte el nuevo sofá modular. Cada vez que vengo tienes una urgencia. El día que por fin te sientas a verlo, me preguntas por qué no lo tienes en exposición. Porque nunca me has dado media hora, por eso.»

«Te aviso de que el fabricante va a descatalogar ese modelo y me dices que ya lo veremos. Dos meses después me llamas enfadado porque el cliente te ha pedido exactamente ese modelo con ese color y ya no se puede servir. Yo ya te lo dije.»

«Me pides precio de liquidación para el modelo que tienes en exposición, pero cuando el fabricante te ofrece condiciones especiales para el sustituto, no es el momento. El momento siempre es cuando te conviene a ti, nunca cuando hay una oportunidad real.»

«Llevas dos años diciéndome que el producto no rota. Pero nunca lo has colocado bien, nunca has formado al vendedor, nunca has hecho nada para activarlo. No es que el producto no funcione. Es que no lo has intentado en serio.»

El comercial acumula una frustración específica: la sensación de que el comprador le delega la gestión de las malas noticias, pero cuando hay una oportunidad real de renovar exposición con ventaja, de repente necesita tiempo para pensarlo. Para lo que complica, decides rápido. Para lo que conviene, hay que esperar. Ese doble rasero se acumula visita a visita.

Sus quejas más frecuentes — y cuánto de verdad hay en ellas

«El comprador no forma a su equipo de ventas.» Casi siempre verdad. Cuando llega un producto con una propuesta diferencial — un mecanismo nuevo, un sistema de tapizado que justifica el precio — el argumento se pierde en la cadena y llega al cliente final como "este es más caro pero es mejor". La formación de producto es la asignatura más sistemáticamente suspendida del sector.

«Solo negocia por precio, no entiende el valor.» Parcialmente cierto. Pero el comercial olvida a veces que el comprador tiene delante un cliente que le pregunta «¿y este en qué se diferencia del de la tienda de enfrente?». Si el comercial no le ha dado herramientas para responder eso, la deriva al precio es inevitable.

«Toma decisiones por inercia, no por análisis.» Más frecuente de lo que se admite. Cuando llega un restyling de modelo que podría rejuvenecer la exposición, la respuesta por defecto es esperar a ver cómo les va a otros. El conservadurismo tiene un coste de oportunidad que nadie calcula porque nadie anota lo que dejó de vender.

Las contradicciones internas de cada perfil

Lo más revelador no es lo que cada uno le reprocha al otro. Es lo que cada uno hace en contradicción con lo que proclama.

El encargado de compras que se contradice:

  • Dice que quiere novedad, pero exige referencias de ventas de otras tiendas antes de arriesgar. La diferenciación, en su cabeza, es algo que ya ha funcionado en otro sitio primero.
  • Se queja de que los comerciales no le avisan con tiempo de los cambios de catálogo, pero cuando le avisan con tiempo, pospone la decisión hasta que el cambio ya es urgente.
  • Reclama exclusividad de zona y trabaja con tres o cuatro fabricantes del mismo segmento para no depender de ninguno. La exclusividad la quiere él, no para dársela.
  • Pide ayuda para argumentar la liquidación del modelo saliente, pero rechaza el precio especial del sustituto porque «aún no sabe si va a funcionar».
  • Habla de relación a largo plazo, pero la primera vez que otro fabricante ofrece algo parecido con mejor precio de entrada, el largo plazo se acorta notablemente.

El comercial que se contradice:

  • Insiste en que vende valor, no precio, pero cuando la negociación se complica lo primero que ofrece es mejorar las condiciones económicas. El argumento de valor dura hasta el primer «no».
  • Avisa de descatalogaciones, pero no llega con la solución preparada: sin precio de liquidación negociado, sin argumentario de salida, sin sustituto listo. Trae el problema sin el kit.
  • Se queja de que el comprador no forma a sus vendedores, pero rara vez pide una sesión de formación con el equipo de planta. Prefiere que el encargado «lo transmita», que es la forma más segura de que no llegue.
  • Habla de relación a largo plazo, pero desaparece meses después de colocar la exposición y reaparece justo cuando hay un cambio de catálogo que gestionar.
  • Promete plazos de entrega que no dependen de él y luego gestiona la reclamación del retraso con la misma celeridad que el fabricante le dedica a él: poca y tarde.

En lo que coinciden sin querer admitirlo

Aquí está la ironía central: encargado de compras y comercial tienen más objetivos comunes que divergentes. Simplemente no lo articulan así.

Los dos quieren exposición que venda. Los dos necesitan que los cambios de catálogo no sean una crisis. Los dos quieren reducir el riesgo de la novedad. Los dos valoran la estabilidad de la relación, aunque ninguno de los dos suele ponerle precio a esa estabilidad cuando negocia.

Lo que les separa no son los objetivos finales. Les separa el timing — el comprador siempre quiere más plazo, el comercial siempre necesita que sea antes —, la información asimétrica sobre lo que viene en el catálogo, y la ausencia de conversaciones honestas sobre qué necesita cada uno para que la relación funcione de verdad.

Qué cambiaría si cada uno entendiese mejor el rol del otro

No estamos hablando de empatía como virtud moral. Estamos hablando de eficiencia.

Si el comercial entendiese de verdad el rol del comprador, sabría que no solo tiene que convencer a sus vendedores — tiene que convencer a su propio jefe o socio de que el cambio de exposición vale la pena, gestionar la transición del modelo saliente y asumir el riesgo de que el nuevo no arranque igual de rápido. El comercial que entiende esa presión no llega a «colocar producto». Llega con un plan: cuándo liquidar lo que hay, a qué precio, cómo presentar el sustituto al equipo de ventas. Eso es completamente diferente.

Si el comprador entendiese de verdad el rol del comercial, sabría que el multicartera no decide cuándo se descataloga un modelo — esa información le llega a él también con retraso desde el fabricante —. Trabaja a comisión y sin red, por lo que cada visita que no avanza es tiempo y kilómetros que no se recuperan. Cuando llega con una liquidación o un cambio de colección, no está intentando colocarle un problema: está intentando gestionarlo antes de que sea más grande. Tratarle como responsable de las decisiones del fabricante es una descarga de frustración legítima en el destinatario equivocado.

La formación más útil que podría recibir un comercial del mueble no es técnica de ventas. Es pasar una semana al año en el punto de venta de su cliente. Y la más útil para un comprador sería acompañar a su comercial en ruta un par de días.

¿Quién tiene la responsabilidad de que esto funcione?

La respuesta cómoda es «los dos». La respuesta honesta es más incómoda.

El comercial tiene la iniciativa. Llega. Propone. Tiene más información sobre el mercado, los fabricantes y lo que viene en el catálogo que el comprador que está mirando su tienda desde dentro. Esa asimetría de información es poder, y con ese poder viene la responsabilidad de usarlo bien: no para gestionar urgencias, sino para anticipar soluciones. Si el comercial llega con la respuesta antes de que el comprador identifique el problema, la conversación cambia por completo.

Pero el comprador tiene el espacio y los clientes. Y con ese poder viene su propia responsabilidad: la de no escudarse en la inercia y en la desconfianza sistémica para evitar decisiones que su tienda necesita. El comprador que lleva diez años trabajando con los mismos proveedores exactamente igual no está siendo prudente. Está siendo perezoso.

La reunión entre comprador y comercial es, en miniatura, la foto del sector. Si en esa reunión nadie dice lo que piensa, nadie hace las preguntas difíciles y los dos se despiden con la misma cortesía con la que se encontraron sin haber avanzado nada, el problema no es de técnica de negociación.

El problema es que ambos han confundido la relación con el negocio. Y en algún momento alguien tendrá que atreverse a separarlos.

La próxima vez que entres a esa tienda, o que recibas a ese comercial, hazte una sola pregunta antes de empezar: ¿sabes realmente lo que necesita la persona que tienes enfrente? No lo que te conviene que necesite. Lo que necesita de verdad. Si la respuesta es no, todo lo que viene después es teatro.

Miguel García González — mggrepresentaciones · comercialmiguelgarcia.blogspot.com · #ElSectorSinFiltros

#Humor ¿Quién persigue a quién?

 Si trabajas en el sector del mueble, esta viñeta te va a resultar muy familiar 😂 Tres tiendas distintas. El mismo matrimonio. La misma fr...