🏭 CAPÍTULO 10 | Historias de la industria española del mueble. Muebles Ventura Feliu

Ventura Feliu: cuando Valencia aprendió a curvar la madera | Historias de la industria española del mueble

Historias de la industria española del mueble · Capítulo 10

Ventura Feliu: cuando Valencia aprendió a curvar la madera

Hay muebles que reconocemos antes de saber quién los fabricó. Una silla ligera de respaldo curvo, una mecedora de líneas continuas o un perchero que parece dibujado de un solo trazo. Durante décadas formaron parte de cafés y hogares españoles. Detrás de muchos de ellos hubo una industria valenciana que merece un lugar propio en nuestra historia del mueble.

Uno de sus nombres fundamentales fue Ventura Feliu.

Su fábrica, fundada en 1879, creció en un momento en que el taller tradicional de ebanistería empezaba a dar paso a empresas con maquinaria, catálogos y producción en serie. En 1893 comenzó a levantar sus instalaciones en la calle San Vicente de Valencia, que se ampliarían con el tiempo. No se trataba simplemente de hacer más muebles: estaba cambiando la manera de diseñarlos, fabricarlos y venderlos.

La técnica que cambió las formas

La madera curvada había alcanzado fama internacional gracias a Michael Thonet y a las firmas vienesas. El procedimiento exigía oficio y precisión: se calentaban barras de haya con vapor, se colocaban en moldes para darles forma y se dejaban enfriar antes de ensamblar las piezas.

El resultado era un mobiliario de apariencia ligera, con curvas que cumplían una función estructural y estética. Permitía repetir modelos sin renunciar a una identidad reconocible. En Valencia, Ventura Feliu fue uno de los fabricantes que dominaron esa técnica y la convirtieron en una industria propia.

Conviene matizar la comparación habitual con Thonet. Feliu trabajó en un mercado influido por el éxito del mueble vienés, pero su importancia no se explica solo por reproducir aquel estilo. Su empresa desarrolló un catálogo de diseño propio y alcanzó una calidad que la convirtió en referencia del mueble curvado valenciano.

Una empresa familiar con ambición industrial

En 1916, Ventura Feliu traspasó la empresa a sus hijos Enrique y Joaquín. De ahí la denominación Hijos de Ventura Feliu que aparece en su catálogo de 1924. Tras el fallecimiento de Joaquín en 1926, la firma continuó bajo el nombre Hijo de Ventura Feliu.

Los cambios de nombre cuentan una historia familiar; los catálogos cuentan también una historia comercial. El Archivo Valenciano del Diseño conserva uno de Ventura Feliu fechado en 1905 y documentación posterior de la empresa. Son testimonio de una época en la que mostrar modelos, ordenar referencias y presentar una oferta reconocible ya era parte esencial de competir.

Feliu entendió además el valor de hacerse visible. La firma participó en exposiciones nacionales e internacionales y Ventura Feliu impulsó la Unión de Fabricantes de Muebles Curvados, creada para facilitar la presencia conjunta del sector en ferias. Su trayectoria nos recuerda que la representación comercial, la cooperación entre fabricantes y la promoción exterior llevan mucho tiempo formando parte de este oficio.

Las personas detrás de cada curva

Una película de 1929 conservó algo especialmente valioso: imágenes del trabajo dentro de la fábrica. Nos permite mirar más allá del objeto terminado y recordar que aquellas piezas requerían muchas manos y tareas diferentes.

La historia del mueble curvado valenciano incluye también el trabajo de las mujeres, presentes en labores como la elaboración de rejillas para asientos y respaldos, el tintado, el barnizado y el empaquetado. Cuando admiramos una mecedora antigua, vemos el diseño; pocas veces pensamos en todas las personas que hicieron posible que llegara al escaparate y, después, a una casa.

Lo que queda de Ventura Feliu

La fábrica pertenece al pasado, pero su historia sigue viva en las piezas conservadas, los catálogos y las imágenes de su producción. Una exposición dedicada al mueble curvado valenciano mostró sillas, mecedoras, percheros y otros objetos que ayudan a entender hasta qué punto esta industria participó en la vida cotidiana del primer tercio del siglo XX.

Para quienes trabajamos hoy en el sector, Ventura Feliu deja una reflexión cercana. Una empresa puede aprender de una técnica llegada de fuera, dominarla, desarrollar modelos propios y construir una identidad comercial reconocible. Eso fue lo que hizo aquella fábrica valenciana.

A veces hablamos de innovación como si siempre consistiera en inventar algo desde cero. La historia de Ventura Feliu demuestra que también puede consistir en aprender mejor, fabricar mejor y dar una respuesta propia a lo que demanda el mercado.

Y quizá esa sea una buena razón para seguir contando estas historias: detrás de muchos muebles que hoy llamamos «clásicos» hubo empresas españolas capaces de mirar al mundo y hacerse un sitio en él.

Miguel García González · MGG Representaciones

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