Mi abuela cosía en la cocina. No tenía taller, no tenía estudio. Tenía una silla, buena luz y la costumbre de recoger cuando terminaba. Nadie en casa confundía esa silla con "la silla de estar".
El teletrabajo debería funcionar igual. No necesitas una habitación exclusiva. Necesitas que tu cabeza — y la de los que viven contigo — sepa cuándo ese espacio es trabajo y cuándo no lo es.
Eso es lo que intento explicar en esta presentación.
La he armado pensando en las conversaciones que tengo con clientes que están reorganizando su casa y no saben muy bien por dónde empezar. No es un manual de ergonomía ni un catálogo de productos. Es más una forma de ordenar las ideas antes de tomar decisiones.













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