Avisar del retraso, ¿ Es un buen servicio?
Avisar a tiempo de un incumplimiento no es un servicio. Es una forma de gestionar la culpa. En el sector del mueble se ha instalado una idea peligrosa: que avisar con antelación de un retraso es buena praxis comercial. Y lo es, comparado con no avisar. Pero comparar siempre con la peor opción es la trampa que nos permite conformarnos con la segunda peor. El cliente no pidió un aviso. Pidió un plazo. Cuando el fabricante o el punto de venta llama tres semanas antes para avisar de que el sofá no llegará en la fecha pactada, está resolviendo un problema de comunicación, no el problema real. El problema real sigue ahí: el plazo no se cumplió. Y aun así, hay algo peor que avisar tarde: no avisar en absoluto. Esperar a que sea el cliente quien llame reclamando su pedido, y solo entonces improvisar una justificación. Esa inacción es más dañina que el propio retraso. Cuando además la respuesta es vaga —"en breve", "estamos en ello",...